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INGRID29 45F
24 posts
12/18/2007 7:02 pm
UNA GRAN MUJER QUE NO FUE SUPERWOMAN


Dana Reeve, esposa del fallecido actor Christopher Reeve, más conocido por “Superman”, falleció el pasado 6 de marzo de este año. Dana saltó, de forma particular, al mundo de las heroínas, el día que Christopher sufrió una caída de caballo que le dejó tetrapléjico para el resto de sus días. El Superman que surcara en las películas los cielos con su capa roja, quedó atado a una silla de ruedas. Los médicos hicieron por él lo posible, pero el resultado fue inevitable. Christopher Reeve quedaba tetrapléjico, condenado a una silla de ruedas y sin movilidad en su cuerpo excepto la cabeza, incluso sin control sobre sus movimientos respiratorios, por lo que tenía que permanecer conectado a un respirador artificial. Libremente “atada”, a esta misma silla, quiso quedar Dana.

Sin entrar en la polémica de la lucha que Dana llevó a cabo a favor de la experimentación con células embrionarias, ni de sus tendencias políticas, ahora es momento de hablar de una mujer, que demostró con la vida, que el amor es más fuerte que el sufrimiento; y mostró como el amor se hace real en los momentos en que el amado necesita de fidelidad.

Muchos matrimonios comienzan de forma idílica su relación. Los primeros meses están llenos de experiencias positivas, la vida les sonríe, llega algún hijo a fortalecer la realción, no hay dificultades serias que enfrentar, ni económicas, ni de salud…Pudiera pensarse que el amor es profundo, confundiendo la situación pacífica fruto de la carencia de obstáculos, con la autenticidad del mismo. Sí es amor, pero le falta madurar mucho. El amor matrimonial se trabaja. Y no es algo que se da espontáneamente con el vaivén de las circunstancias extrenas. Esto fue lo que trabajaron Dana y Christopher en sus primeros años cuando el mundo parecía estar a sus pies. Desde el inicio, su relación estuvo llena de entrega sincera. Supieron crear y compartir un mundo de intimidad, que no salía a la luz pública, y que le afianzaba en su unión. En su boda, ellos mismos quisieron escribir su promesas de fidelidad, se intercambiaron unas sencillas alianzas de bodas, que llevaron puestas hasta que la muerte les separó, se conocieron con interés para realmente ayudarse a crecer como personas, su comunicación era sincera y habitual. Esta siembra preparó sus vidas para el momento crítico que llegó en mayo de 1995, cuando él quedó inmóvil, para siempre.

El amor era real y se demostró cuando Dana hizo real su “sí” definitivo e incondicional al hombre de su vida. Se había casado para hacerle el hombre más feliz del mundo e iba a seguir haciéndolo. Dejó su incipiente carrera profesional como cantante y actriz, y se consagró las 24 horas del día a quien ya dependía en todo de otro para vivir: un tetrapléjico. No lo hizo por sentido de responsabilidad, ni siquiera por compasión. ”Porque le amo, quiero olvidar todo lo que no podemos hacer y concentrarme en lo que sí podemos hacer”. Era su motivavción. Quiso ayudarle a seguir mirando juntos en la misma dirección, sin detenerse a mirarse a sí misma; y tampoco se lo permitía a él: “El secreto de nuestra relación es que le reclamo lo mismo que antes del accidente_eres mi marido. Estoy aquí para apoyarte, pero yo también necesito de tu apoyo”. No le dejó hundirse en la autocompasión que acrecienta el dañino sentimiento de inutilidad. Le pidió lo que hace crecer a un ser humano, que siguiera amando.

Es el amor lo que da sentido a la vida, y nos abre a la esperanza, por muy difíciles que sean las situaciones. Somos seres para el amor, mientras amemos estaremos creciendo como tales.

Dana fue muy exigente con él. En orden a la entrega esperaba de él, todo. “Aún sigues siendo tú, te quiero y te necesito” fueron las palabras que le susurró al oído, cuando ambos conocieron la gravedad de su situación. El mismo actor confesó que el recuerdo de ellas le salvó de pensar en el suicidio como una salida a su desesperación inicial. “…aún sigues siendo tú…” Somos un cuerpo, pero no sólo un cuerpo. La fuerza para vivir no solo proviene del estado físico, sino de esa realidad misteriosa que llamamos…espíritu humano.

Amar supone entrega, pero también, como un gran hombre escribió, implica exigencia, porque no exigir del ser amado que sea lo mejor, es indiferencia, lo contrario del amor. En el acto de donación a otro, cuánto ayuda encontrar un “alguien” que espera de nosotros cariño y atención. Nos ayuda sentirnos útiles e importantes para alguien. Tener la suficiente humildad para dejarse amar, para acoger la entrega y los detalles del otro. Esta es la clave del amor a largo plazo. Ambos cuentan en la donación.

Dana le “exigió” a Chistopher sonreir y mostrar hacia fuera, que aunque su cuerpo estaba inmóvil, él tenía el gran motivo para vivir: amaba y era muy amado. Sus vidas se llenaron de mayor sentido, y de esta donación mutua, nació el deseo de ayudar a más gentes. Fundaron la Christopher Reeve Paralysis Foundation para ayudar a enfermos con problemas de médula espinal, a quienes visitaban y animaban en persona. El no dejó de luchar por la vida, porque ella luchaba por él. Escribió una biografía, Still Me, cuya transcripción a disco le valió el Grammy a Mejor Album Hablado de 1999, y en 2002 publicó otro libro: Nothing is Impossible; Reflections of a New Life.

Lo que hace grande a una mujer no es solo su capacidad de entrega, sino darse de tal manera que el otro…se decida también a amar con desinterés.

“En mis sueños navego en un barco de vela…junto a una gran mujer, mi mujer”. Fue uno de los últimos pensamientos que expresó el actor, antes de morir.

alyosha2 55M

12/18/2007 8:19 pm

Como dicen,,,que detras de un gran hombre hay una gran mujer.